MENUMENU

● EL PODER QUE SANA Y QUE RESTAURA

Por: Charles Spurgeon

…El poder del Señor estaba con él para sanar.”Lucas 5:17

El poder del Evangelio, del cual Cristo es la Suma y la Sustancia, es un poder de Sanar. El Calvario es el lugar más bien para el bálsamo que sana, que para la lanza y el cuchillo. El trabajo de Jesús, nuestro Médico celestial, no es tanto diagnosticar la enfermedad sino recetar y aplicar el remedio. Es solamente prerrogativa de Dios curar las Enfermedades Espirituales.

La enfermedad Natural puede ser instrumentalmente curada por los hombres, pero aun así, debe darse el honor a Dios que da el poder a la medicina, y también da el poder al cuerpo humano para arrojar fuera la enfermedad. Pero en cuanto a las enfermedades ESPIRITUALES, estas tienen que ser tratadas únicamente por el gran Médico. Él reclama esto como su prerrogativa: “Yo hago morir y hago vivir; yo hiero y también sano.” Y uno de los nombres selectos del Señor es: Jehovah Rapha, El Señor que te sana. “Y curaré tus heridas,” es una promesa que no podía salir de los labios de un hombre; sólo de la boca del Dios eterno. Por esta razón es que el Salmista clamó al Señor: “Sáname, oh Jehovah, porque mis huesos están abatidos.” Y también: “Sana mi alma, porque contra ti he pecado.” También por esta razón, los piadosos alaban el nombre del Señor, diciendo: “Él sana todas nuestras enfermedades.” Él que hizo puede sanar al hombre. El que al principio fue el creador de nuestra naturaleza, puede crearla de nuevo. ¡Qué consuelo tan trascendente es que en la Persona de Jesucristo de Nazaret, tengamos a Dios Encarnado! “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.” ¡Alma mía, no importa cuál sea tu enfermedad, este gran Médico puede curarte! ¡Si Él es Dios, Su infinito poder no conoce ningún límite! ¡Si Él es realmente Divino, no pueden haber fronteras para la majestad de Su poder! Entonces ven con la ceguera de tu entendimiento. Acércate con la cojera de tu energía. Ven con la mano lisiada de tu fe. ¡Ven tal como eres, porque Él, que es Dios, ciertamente puede sanarte! ¡Bendito Hijo de Dios, si yo confío en Ti, viendo que Tú eres Dios, cuánto voy a amarte!¡Cómo quiero confiar en Ti, viendo que eres humano! ¡Con qué gratitud voy a mirar a Tu Cruz para verte, mientras esas benditas fuentes de salud manan torrentes convertidos en inundaciones de sangre, y mientras Tu corazón, fuente de toda salud espiritual, está vertiendo un eficaz raudal celestial que lava todas sus enfermedades al pecador! ¡Vengan aquí, todos ustedes enfermos de pecado, y miren al glorioso Hijo de Dios, hecho a semejanza de la carne, muriendo sobre la Cruz! Creyente si haz recaido en pecado, Jesús puede sanarte de tus caídas! ¡Cuánta misericordia es esa! “Yo los sanaré de su infidelidad. Los amaré generosamente, porque mi furor se habrá apartado de ellos,” El poder de sanar de mi Señor es tal que si has recaído hasta el fondo, aún así Él te dice: “¡Regresa!¡Regresa! ¡Regresa!” ¡Vengan aquí, ustedes que lloran por su pecado, ustedes que están paralíticos y enfermos por la iniquidad! ¡Aquí hay poder, poder presente aún en el Salvador que muere para sanarlos, sin importar cuál sea su enfermedad! Él sanó a todos los que lo necesitaban mientras residió aquí, y el costoso bálsamo de Su Expiación no ha perdido nada de su poder. ¡Pobre cautivo del mal! ¡No pienses que tienes que ser un borracho, un vicioso, o que tu temperamento irascible tenga que controlarte siempre! No concibas que tienes que ser siempre un esclavo de la lujuria, o ser llevado cautivo a voluntad del demonio. ¡Hombre, donde está Cristo, hay esperanza para ti! Pero proporcional al dolor por el pecado es el gozo por el alivio que Emanuel nos trae cuando nos aplica un bálsamo mejor que el de Galaad y nos da la infalible medicina del cielo para el alma enferma. Cuando Jesús es recibido con fe, Él quita todo nuestro dolor en un instante. ¡Una promesa aplicada por Su Espíritu, una gota de Su sangre que penetra en la conciencia, y de inmediato hay tanta paz tan honda y profunda que nada se le puede comparar! ¡Lo que el poeta escribió concerniente a la recuperación de una enfermedad corporal, es doblemente cierto en relación a la Restauración Espiritual!—

“Mira al hombre que se ha revolcado largamente Sobre la cama de espinas del dolor, Observa cómo recupera su vigor desgastado, Y respira y camina nuevamente: La más pequeña flor del valle, La más simple nota que acompaña al turbión, El sol de todos, el aire, los cielos, Abren para él las puertas del Paraíso.” Bendiciones para todos, Lucy Martinez.  

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