MENUMENU

● EN ORACIÓN

Este mensaje, describe de alguna manera, lo que sentimos cuando subimos a Sión,  es decir, lo que sentimos cuando estamos en la Presencia del SEÑOR en Oración buscando a Nuestro Amado Salvador. Digo, de alguna manera, porque que esta experiencia no puede ser descrita en toda su extensión, profundidad y significado por ningún humano, porque es una obra sobrenatural de Espíritu Santo. Quiera el SEÑOR que cada uno de nosotros sea usado para inspirar a MUCHOS a buscar al SEÑOR EN ORACIÓN, y así el fuego en el altar interior de cada corazón sea encendido en amor incondicional para Nuestro Amado Salvador y Redentor, Jesucristo.

EN ORACIÓN Por: Steven Scherrer

EN ORACIÓN, tenemos el amor interior de Jesucristo habitando en nuestra alma, llenando nuestro corazón con un sentido profundo de bienestar espiritual… Así somos felices en Jesucristo, nuestro Dios y Señor. La fragancia suave de Cristo, llena la esposa(la iglesia) con bellos aromas de Su Presencia. De verdad, la Oración cambia aun nuestro aliento y lo hace dulce, porque inhalamos y exhalamos a Dios y a su Santo Espíritu…. Es así cuando uno recibe los favores del SEÑOR en Oración que estamos como elevados fuera de nosotros mismos, fuera de este mundo, y trasladados al reino de luz y de paz, que es como un jardín de especias raras y aromáticas. Allí nos perdemos en la belleza que está alrededor de nosotros. Es como si hubiese flores fragantes y frutos dulces, y todo estuviera encantado, porque estamos con Dios. “Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas” (Ct 7, 13).  También nosotros nos llenamos de su fragancia divina que es la dulzura de la contemplación, de la oración de quietud y de la oración de unión con Cristo, que nos deslumbran con su brillo y fulgor. Por eso David dijo: Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: Que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura del SEÑOR Y para meditar en Su templo.Salmo 27:4 El Amado Divino va a este lugar del encuentro con su amada, nuestra alma, y permanece con nosotros no solo durante todo el tiempo sagrado dedicado a la oración y la meditación de las Escrituras, sino que aún después.

La noche también es el mejor tiempo, junto con la madrugada y mañana, para la Oración y la adoración. El(Jesucristo) se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. Lucas 6:12  Levantándose muy de mañana,cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí Oraba. Marcos 1:35 En la noche, podemos hundirnos en el silencio y la soledad. En la noche, olvidados por el mundo pero no por el SEÑOR. Él dice: “hasta que apunte el día, y huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, y al collado del incienso” (Ct 4, 6). Y allí se va también la novia, es decir, nuestra alma, a encontrarlo, a pasar las horas de la noche, o de la madrugada, en contemplación amorosa, llenas de aromas de su Divinidad. ÉL SEÑOR resplandece en la noche y la hace más brillante que el día; y de verdad, cuando EL está tan presente así, no hay noche, ni necesitamos ni la luz de lámparas ni la luz del sol ni de la luna, porque el resplandor del SEÑOR nos ilumina con su refulgencia y su espléndido fulgor. Allí muy cerca de EL pasamos la noche en oración con nuestro Amado, una noche sabrosa, llena de amor y exhalando bellas y dulces aromas de mirra y del incienso, que las suaves brisas de Su Santo Espíritu desprenden.

Pero hay otros refugios escondidos a donde la esposa de Cristo —nuestra alma— se refugia para encontrar y pasar tiempo con el Amado, Jesucristo. Como el refugio rocoso en que el hombre justo se escapa del mundo para encontrarse con el SEÑOR. De él Isaías dice: “Este habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y el agua no le faltará.” Isaías 33: 16. Tendrá allí su pan y su agua, comida básica que sostiene la vida con una ligereza espiritual que le ayudará a ver al SEÑOR en la belleza de la iluminación de su propio espíritu. ¿Y qué verá desde allá, desde estas alturas? “Tus ojos verán al Rey en su hermosura —dice Isaías— y verán la tierra que está lejos” Isaías 33:17. Vemos lo terrenal de lejos, vamos lejos del mundo para el encuentro Divino, para el encuentro amoroso con el amor de nuestra alma, Cristo. Cuanto más lejos del mundo con sus distracciones y placeres podemos ir, tanto más dulce y fragante será nuestra contemplación de la luz divina que tanto nos alumbra e ilumina. La dulzura de la Oración y la meditación en el SEÑOR nos atrae a estos lugares remotos. Es la fragancia del Esposo de nuestra alma que nos hace querer dejar el mundo atrás y subir los montes en búsqueda del amor que nos llena de la misma fragancia y dulzura que tiene nuestro amado divino. Es como si entraramos en otra dimensión, otro mundo, más puro y con un aire más refrescante y más limpio, lejos de los sonidos rudos y profanos, y más cerca del SEÑOR.

También el Desierto es un lugar para estar a solas con el SEÑOR: Mas Él(Cristo) se apartaba al Desierto, y Oraba.Lucas 5:16 ¿Qué mejor lugar hay que el desierto para el encuentro Divino? En el desierto No hay nada de los placeres del mundo, sólo los aromas dulces de la Presencia del SEÑOR y la adoración a EL. Allí también se encuentran bellas fragancias para la Oración y la contemplación. Del desierto vienen algunas de las mejores especias aromáticas de las cuales se hace el incienso para la adoración a Dios. El alma, en oración sube del desierto como columna de humo, perfumada de mirra y de incienso y de todo polvo aromático. (Cantares 3:6). Y Allí es llenada del amor del SEÑOR, es impregnada de Su fragancia, sus vestidos, su aliento, todo su cuerpo transpira los aromas dulces y preciosos de la Oración. En el desierto por medio de la contemplación que el mismo SEÑOR infunde en nuestro corazón, el alma es transformada, es purificada, es embellecida, hasta que llegar a ser fragante aroma de Cristo para Dios. 2 Cor.2:15.

Esta es la dulzura que experimentan en la alegría de su corazón los que han renunciado a todo placer, deseo y amor desordenado por las criaturas y ya se han purificado de todo esto, para buscar al SEÑOR. Ellos viven en la luz y en paz. Poco puede perturbarlos por mucho tiempo. Su interior está la mayoría del tiempo lleno de luz y alegría espiritual. Cristo habita en sus corazones, dándoles una esperanza viva y vivificadora, llenándolos con gozo espiritual y ganas de unirse aún más con EL, y estar tanto más purificados y preparados para recibirlo cuando aparezca en toda Su grandeza y esplendor.

¡Qué importante es la Oración y la contemplación así a solas con el SEÑOR! Es la alegría y el gozo interior de la vida. Es la recompensa de un alma coherente, de un corazón limpio e indiviso en su amor por el SEÑOR. Pero ¿cómo podemos llegar a este estado feliz donde la Oración y la contemplación es el alimento regular del alma purificada? Llegamos allí por una larga jornada en que dejamos que el SEÑOR crezca dentro de nosotros, hasta que se establezca como el único dueño de nuestro corazón, ahuyentando todo amor propio, todo deseo falso y desordenado para placer en este mundo. La meta de este proceso es que todo aspecto de nuestra humanidad sea convertido por Cristo habitando en nuestro corazón. Esta conversión es actualizada por el Espíritu Santo cuando creemos en Cristo.  Esta purificación de las potencias del espíritu sigue después de haber privado nuestros cinco sentidos exteriores de los objetos de sus deseos, es decir: después de comenzar una vida de ayuno, separación del mundo, guarda de la vista, del oír, y de saborear, una vida de vigilias, y vigilancia en general en todo aspecto de la vida, viviendo sólo para Dios, y vuelto hacia el interior. ¡Qué pocos son los que siguen este camino es obvio!, y por eso, ¡qué pocos son los que llegan a este punto de purificación, perfectamente coherentes, limpios de corazón y librados de la esclavitud de las pasiones! ¡Qué pocos, entonces, son los que llegan al punto de tener y hacer de este tipo de Oración y contemplación como su alimentación regular!  La decisión es nuestra. Todo hombre es llamado a esta santidad, a esta vida de Oración, a esta vida de amor, a esta vida de esplendor, en que arma su tienda en las cimas de la luz y permanece allí, calentándose en el resplandor del SEÑOR. Pero hay sólo un camino que nos dirigirá allí, y esto es el camino de la vida, que pocos hallan, porque es angosto y estrecho (Mt 7, 13-14). Pero qué dulce es este camino, el cual sólo conocen los que han andado por él y lo han experimentado.

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“El hombre que prevalece en la ORACIÓN es quien puede predicar éxitosamente, pues puede prevalecer ante los hombres por Dios cuando ya ha prevalecido ante Dios por los hombres”…Spurgeon

“El predicador que no hace de la ORACIÓN un factor poderoso en su vida y ministerio, es un punto débil en la obra de Dios y es incompetente para promover la causa del evangelio en este mundo.” Edward Bounds

“Un ministro puede ser todo lo dedicado que se requiera Sin ORACIÓN, asegurar fama y popularidad Sin Oración; toda la maquinaria de la vida y obra del predicador puesta en movimiento sin el aceite de la ORACIÓN o con un poco apenas para engrasar algunos de los dientes de las ruedas; pero ningún ministerio puede ser espiritual y lograr la santidad del predicador y de su pueblo, sin la ORACIÓN como fuerza dominante y manifiesta.” Edward Bounds

Por toda esta belleza que se experimenta en Oración, por todo lo maravilloso que representa habitar en la Presencia de Dios, pidamos al SEÑOR en cuanto a lo que se refiere a la Oración: “ Ensancha el lugar de mi Tienda(del mi altar de oración, del tabernaculo interior de mi corazón), Extiende las cortinas de sus moradas, no escatimes( que no sea escasa); Alarga sus cuerdas. Y refuerza sus estacas. Porque tu harás SEÑOR que sean extendidas hacia la derecha y hacia la izquierda; Isaías 54:2-3. AMEN.

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