MENUMENU

● EL AYUNO

Por: Wesley L. Duewel

(Tomado de cambie el mundo a traves de la Oracion)

Moisés ayunó dos veces durante cuarenta días (Dt. 9:9, 18), hasta que su rostro resplandeció con la gloria de Dios. Josué, por su parte, lo hizo después de conquistar Hai (Jos. 7:6). En tiempos de los jueces (Jc. 20:26) y de Samuel (1 Sm. 7:6, 12) todo Israel ayunó. David realizó un ayuno antes de ser coronado rey, cuando su hijo estaba enfermo, cuando sus enemigos cayeron en cama (Sal. 35:13) y a causa de los pecados de su pueblo (69:9-10). También Josafat y su reino ayunaron hasta que Dios les dijo: «No habrá para que peleéis vosotros en este caso» (2 Cr. 20:17); y así consiguieron la victoria por medio del ayuno y la alabanza, sin pelear ni derramar sangre en absoluto. Elías, Esdras, Nehemías, Ester y Daniel fueron asimismo conocidos por sus ayunos.

El ayunar constituía una estrategia poderosa y bendecida por Dios que utilizaba la Iglesia primitiva, así como muchos de los líderes que el Señor levantó. Pablo oraba con ayunos en cada iglesia (Hch. 14:23); y no es posible fundar congregaciones neotestamentarias de otro modo.

El papel espiritual del ayuno

El ayuno bíblico es una forma de negarse a uno mismo por amor de Jesús y de Su reino: se trata de una abstinencia deliberada de alguna o de toda comida con un propósito espiritual. Para ayunar se requiere un nivel profundo de compromiso y sacrificio, y aunque el ayuno por motivos de salud pueda resultar a veces físicamente beneficioso, no es eso lo que entendemos por ayuno cristiano. Ayunar, en el sentido bíblico, es escoger no tomar comida porque el hambre espiritual que tenemos es tan profunda, nuestra determinación de interceder tan intensa, o la batalla en que nos encontramos tan exigente, que hemos de dejar a un lado, temporalmente, las necesidades físicas para entregarnos a la meditación y la oración.

En un sentido todavía más amplio, el ayuno es cualquier negación de nosotros mismos y cualquier abstinencia deliberada con el fin de fortalecernos espiritualmente y de hacer avanzar la obra del reino de Dios. Puede usted ayunar de sus propias ambiciones, deseos y planes; de placeres, derechos y gozos legítimos; de comodidades y lujos. Mientras un noble le mostraba su casa, Juan Wesley, admirado por las costosas obras de arte y otros símbolos de riqueza y cultura que en ella había, exclamó: «Yo también podría amar esas cosas, pero existe otro mundo.»

En el corazón del evangelio hay una cruz, y el espíritu de Cristo es un espíritu de abnegación. La cruz, el espíritu de sacrificio, la abnegación y el ayuno están interconectados, y tienen que ver con una actitud que pone a Dios primero, que busca primeramente Su reino, Suyas prioridades son la voluntad divina y las metas eternas, que toma su cruz cada día y sigue a Cristo. En el centro de la vida santificada está la crisis de la crucifixión, de la entrega propia y del compromiso completo seguido de una vida crucificada. El creyente lleno del Espíritu debería experimentar gozo al ayunar por metas relacionadas con el reino.

Cómo ayunar para el Señor

1. Ayune para agradar a Dios. Absténgase de comida con el objeto de acercarse más a Él; porque Él es tan precioso para usted que desea hacerle un regalo costoso; porque Él sufrió tanto por usted que ahora usted escoge participar alegremente en el espíritu de Su cruz; porque lo ama y quiere amarlo más y más. En Zacarías 7:5, Dios pregunta: «¿Habéis ayunado [realmente] para Mí?» Dios apreciará el ayuno que usted haga si su propósito es agradarlo a Él.

2. Ayune en respuesta al llamado de Dios. Tanto en el antiguo Testamento como en el Nuevo, el ayuno era un signo distintivo de piedad para hombres, mujeres, laicos y siervos especiales del Señor. En el antiguo, Joel exhortaba: «Proclamad ayuno,» (Joel 1:14; 2:15); y en el Nuevo, Jesús mismo deja claro que Él espera que Su pueblo ayune (Lc. 5:33-35).

Somos llamados a adorar a Dios, y al ayuno se le denomina específicamente «servicio a Dios» (adoración, en este contexto) en Lucas 2:37 y «ministerio a Dios» (adoración, también) en Hechos 13:2. Si usted nunca ayuna, es muy posible que algo falte en su adoración al Señor.

3. Ayune para humillarse delante de Dios. En la Biblia, el ayuno se asocia a menudo con el arrepentimiento (1 Re. 21:27; Sal. 35:13); pero el ayunar sirve para algo más que para esa fase inicial de contrición. Al igual que David (Sal. 35:13), usted necesitará humillarse delante del Señor vez tras vez. El ayuno puede capacitarlo para que sienta el vacío de su propio corazón, su incapacidad y su necesidad de Dios: «Dios…da gracia a los humildes» (St. 4:6). Ayunar es un modo de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios (1 Pe. 5:6).

4. Ayune para buscar más plenamente el rostro de Dios. Usted debe amar al Señor con todo su ser: todo su corazón, toda su alma, toda su mente y todas sus fuerzas (Mc. 12:30, 33); y como El dijo por boca de Jeremías: «Me buscaréis y Me hallaréis, porque Me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jr. 29:13). El ayuno es una forma sagrada de buscar a Dios con todo el corazón.

Cristo nos enseño que, para recibir respuestas del cielo, debíamos «pedir», «buscar» y «llamar» (Mt. 7:7). Cada una de esas palabras indica un grado mayor de intensidad; al igual que el ayuno supone un deseo más intenso de buscar a Dios. El anhelo de verlo a Él, y de contemplar cómo se lleva a cabo Su poderosa obra, puede ser tan grande que uno pierda el deseo de comer; pero también resulta posible intensificar dicho anhelo del propio corazón mediante el ayuno libremente escogido, aunque se experimente hambre física.

5. Ayune como disciplina santa para su alma. Juan Wesley también creía y enseñaba que podíamos buscar el rostro de Dios mediante la oración y el ayuno, y subrayaba tanto lo metódico que debía ser nuestro caminar con Cristo que a sus primeros seguidores se les conoció como «metodistas.»

El discípulo de Jesús es un seguidor disciplinado, de cuya vida espiritual forman parte, como cosa corriente, los hábitos regulares de oración y ayuno. Dichos hábitos proporcionan un método estable de acercarse a Dios, de examinarse delante de El y de entrar, de manera más plena, en la vida de intercesión; son, pues, formas preciosas de tomar la cruz y seguir a Cristo (Mt. 16:24).

Recuerde que el método apostólico es válido aún en nuestros días. Satanás aborrece el ayuno; pero Dios lo honra. En esta era de misiones, en la cual una iglesia militante debe ganar importantes batallas para el Señor, acepte nuevamente la estrategia de Dios que consiste en añadir ayuno a su oración.

OREMOS: Señor, cubrenos con espiritu de oracion;”Y derramaré sobre la casa de David…. espíritu de gracia y de oración” (Zacarías 12:10). Señor también Concedenos tu gracia y fortaleza para Ayunar. Levanta de este Grupo cibernetico que tu creaste para tu gloria, hombres y mujeres de Ayuno y Oracion, que sean testigos de cuan maravilloso es depender de ti y solo de TI. Buscando primero el reino de Dios y su justicia y todas las demas cosas nos serán añadidas. En el nombre de Cristo quien intercede por nosotros y por este grupo creado para su gloria hacemos esta oracion. Amen. Lucy Martinez Cadavid

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