MENUMENU

● PABLO, EL MAESTRO DE LA ORACIÓN

Por:Edward M.Bounds

Nuestro concepto sobre la ley de la oración es el siguiente: la oración de un cristiano es un acuerdo entre la voluntad, las emociones, la conciencia y el intelecto.Estos operan en armonía, mientras que el cuerpo coopera bajo ciertas condiciones, de modo que la oración sea lo suficientemente larga para sostener un «altovoltaje» espiritual y asegurar notables resultados deun carácter sobrenatural.HOMER W. HODGE

Resulta difícil clasificar las oraciones de Pablo. Su forma de orar es tan comprensiva, discursiva y exacta, que no puede ordenarse de forma sistemática. Pablo enseña mucho acerca de la oración, reforzando especialmente el deber y la necesidad de la oración en la Iglesia (ya hemos visto cómo el testimonio de su vida da base y fuerza atodas sus enseñanzas). Esto es, no sólo se daba a sí mismo a la oración, sino que urgía a los hermanos a entregarse a esta práctica de vital importancia; enseñando a su vez que la importunidad y la persistencia son elementos capitales para conseguir la victoria:“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Col. 4:2).”Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18). “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar,levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Ti. 2:8).Estas palabras, y otras tantas más al respecto, constituyen la clave de sus enseñanzas…Pablo era un líder que gozaba de un reconocimiento y aceptación universal. En su ministerio, tenía el poder unido de muchas fuerzas: su misma conversión, tan conspicua y radical, era un arma perfecta en la lucha agresiva y defensiva; su llamado al apostolado era claro,luminoso y convincente. Pero estas fuerzas no eran las energías divinas que trajeron maravillosos resultados a su ministerio. El curso de la vida de Pablo fue marcado y modelado, sobre todo, por la oración más que por ninguna otra cosa.No es de sorprenderse, entonces, que diera tal prominencia a la oración en su predicación y en sus escritos. Así como la oración era el principal ejercicio de su vida personal, también asumía la posición más elevada dentro de su enseñanzas. Y su ejemplo de oración añadía fuerza y validez a sus enseñanzas, pues tanto éstas como su práctica corrían en líneas paralelas. Es más, si Pablo fue el principal de entre los apóstoles,era porque la oración había contribuido a tal fin. Por lo tanto, era el mejor calificado para ser todo un maestro dela oración. Podía enseñar a los demás lo que era orar de verdad y lo que la oración podía conseguir; y era precisamente por esta razón que exhortaba de continuo a la gente a que no abandonaran esta práctica.También, aquel que hoy desee enseñar a la gente a orar debe darse primeramente él mismo por entero a la oración.Porque en la proporción que los predicadores practiquen la oración en sus vidas privadas, podrán enseñarla a aquellos a quienes predican (lamentablemente, en la Iglesia de nuestros días se hallan muy pocos predicadores que sazonen con abundancia de oración cada uno de sus sermones).Si la fuerza personal, la energía de una voluntad de hierro, las profundas convicciones, la cultura y los talentoso el llamado Divino pudieran dirigir la Iglesia de Dios sin necesidad de la oración, entonces, por lógica, ésta sería innecesaria. Si la profunda piedad y la consagración, o la inflamada lealtad hacia el Señor pudieran existir sin la oración devota, entonces, Pablo no tendría por qué haber hecho uso de ella. Pero el gran apóstol, favorecido con muchos dones y talentos, sentía la continua necesidad de orar, tanto él mismo, como toda la Iglesia alrededor del mundo.¡Cuán estruendosa, persistente y emotiva era la preocupación de Pablo hacia quienes hablaba o escribía!Según lo que el apóstol deseaba enseñar, ésta debía ser la verdad primordial para toda la Iglesia; a saber, primero de todo y antes de todas las cosas, la Iglesia de Cristo debía ser una Iglesia que orara por todos los hombres.

Y encargó a los filipenses a este efecto:“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego,con acción de gracias” (Fil. 4:6).Esto es, la Iglesia no debe estar ansiosa por nada,sino que en todo asunto y sobre cada caso en particular debe elevar oraciones a Dios. Y es que no hay nada demasiado pequeño acerca de lo cual orar, ni tampoco nada demasiado grande como para que el Señor no lo pueda solucionar. Pablo lo declara como una verdad vital y esencial cuando escribe a la iglesia de Tesalónica:”Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros, en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:16-18).En efecto, la Iglesia debe entregarse de continuo al santo ejercicio de la oración, pues ésta es la voluntad de Dios para el Cuerpo de Cristo aquí en la Tierra.La vida de oración de Pablo y la urgencia con la cual exhortaba a la Iglesia a la práctica de la misma son, endefinitiva, las más convincentes pruebas de la absoluta necesidad de la oración como una gran fuerza moral en el mundo, además de ser un factor indispensable e inalienable en el progreso de la dispersión del Evangelio y el desarrollo de la piedad personal.De hecho, para Pablo no podía existir una iglesia victoriosa sin oración, ni un líder capaz de llevar adelante una congregación sin tener como práctica primordial de su vida privada este santo ejercicio.Pablo hablaba también de orar en cualquier lugar, en todas las cosas, en cada circunstancia y constantemente;esos eran para él los usos divinos y la misma naturaleza de la oración.Una de sus expresiones más dignas de estudio es esta:”… constantes en la oración” (Ro. 12:12).La palabra significa “permanecer, ser fiel en la oración, mantenerse firme en ella hasta el fin, prestarle atención devoción y constancia”.Es de destacar, además, que en muchas citas de Pablo,y en algunas versiones, aparece la expresión más intensa del término “oración”, que es la “súplica”,la cual se refiere a la “forma personal, persistente e incansable de orar” que Pablo requiere de los santos.El apóstol amaba mucho a Timoteo, que tenía muchas afinidades con él. Pablo encontraba en Timoteo esos elementos que le capacitaban para ser su sucesor espiritual; por lo menos, el depositario y líder de las grandes fuerzas y principios espirituales, tan esenciales para el establecimiento y la prosperidad de la Iglesia. Estas verdades primarias y vitales eran las que el gran apóstol buscaba grabar en su joven discípulo, y confiaba en que éste las guardaría por el resto de sus días. De manera que entregó a Timoteo este depósito de oración para todas las edades:“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia,para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, Y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio así mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (… ) Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Ti. 2:1-6, 8).Estas palabras a Timoteo fueron, sin duda, palabras divinamente inspiradas, por cuanto Pablo escribía bajo la superintendencia directa del Espíritu Santo, quien le preservaba de todo error y le sugería las verdades que luego el apóstol enseñaba. Sus epístolas son parte de la Palabra de Dios, inspiradas y auténticas, llenas de autoridad divina. De modo que la oración, así como Pablo la enseñó,es la genuina doctrina que el Todopoderoso dio a su Iglesia para que la acepte, la crea y la practique. Esta sección delas Santas Escrituras es, pues, mucho más que meramente sugestiva, y va más allá de ser un simple bosquejo de la oración. Es tan instructiva y clara en cuanto a cómo deberíamos orar, y tan poderosa acerca de las razones por las cuáles debemos hacerlo, que hemos de fijarla con toda firmeza en nuestras mentes y nuestros corazones.Así, la oración es la más importante de todas las cosas sobre la Tierra; todo lo demás debe ser retirado para darle primacía.
La diferencia entre la derrota o la victoria radica en este punto: si ponemos primero la oración, entonces  pondremos también a Dios en primer lugar, en cuyo caso la victoria está asegurada.Pero las enseñanzas de Pablo nos muestran, además,que la oración es esencialmente algo que pertenece a la naturaleza interior. Es nuestro espíritu el que ora dentrode nosotros. De manera que atendamos a las instrucciones del apóstol Pablo:”Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Ti.2:8).Las “iras” y “contiendas” a que aquí hace referencia el apóstol existen en todos los estados de pasiones, deseos y sentimientos del ser humano, y se inflaman ante la más mínima provocación. Guardémonos bien de ellas, porque los hombres no pueden orar mientras estos sentimientos naturales se cultiven en su interior. La “ira” deprime, estorba y finalmente suprime la oración.La palabra “sin” significa”aparte de”, o “sin hacer uso de”. El corazón natural, no renovado, no tiene parte en la oración, puesto que la naturaleza de la oración es mucho más profunda que la misma naturaleza humana. En otras palabras, no podemos orar por naturaleza propia e innata,aunque ésta sea de carácter dulce y amable. Sólo la oraciones la verdadera prueba del carácter santo.Más aún, la fidelidad y veracidad en nuestras relaciones son a menudo evidenciadas por nuestra vida de oración. Hay algunas condiciones que dan origen a la oración-son como la tierra que hace germinar y perfeccionar la simiente-; las grandes tormentas de la vida, en medio delas cuales nos encontramos impotentes y sin poder lograr alivio alguno son, por ejemplo, condiciones providenciales para la oración. He aquí, a modo de ilustración, la descripción que hace Pablo de ciertas viudas:”Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola,espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta” (1 Ti. 5:5 y 6).Hay un notable contraste entre estas dos clases de mujeres descritas por el apóstol: una de ellas se entrega a la oración día y noche; la otra vive en los placeres y está espiritualmente muerta. De manera que Pablo describe a una verdadera viuda como una mujer entregada totalmente a la oración; sus oraciones, nacidas de su fe y desolación,son una fuerza muy poderosa, la cual se eleva a Dios de día y de noche.En la destacada oración de Efesios 3, Pablo ora por alcanzar grandes alturas dentro de la experiencia cristiana.El apóstol dobla sus rodillas ante Dios en el Nombre del Señor Jesucristo, para que estos creyentes de Éfeso puedan ir en su experiencia mucho más allá de los límites de la santidad pasada:“Para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”(Ef. 3:19).y escribiendo a los filipenses, Pablo les habló en estos términos:”Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del Evangelio. ¿Qué pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; yen esto me gozo, y me gozaré aún. Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado;antes bien, con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida opor muerte” (Fil. 1:15-20). Es decir, el escenario y la vergüenza serían evitados por medio de las oraciones, y Cristo habría de ser magnificado en ya través de la vida de Pablo, ya sea que éste viviera o muriera…

Asimismo, Pablo da instrucciones generales a los colosenses en cuanto a la oración, y en forma aguda yespecífica en lo referente al aspecto personal:“Perseverad en oración, velando en ella con acción degracias; orando también al mismo tiempo por nosotros,para que el Señor nos abra puerta por la Palabra, a fin dedar a conocer el misterio de Cristo, por el cual tambiénestoy preso” (Col. 4:2 y 3).Finalmente, a Pablo se le atribuye el escrito de la Epístola a los Hebreos, en la cual tenemos referencias en cuanto al carácter de las oraciones de nuestro Señor Jesucristo:“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”(He. 5:7).¡Qué tonos más profundos hay en sus palabras! ¡Cuán sublime es el carácter de las oraciones de nuestro Señor!La oración de nuestro Señor surgía de las más poderosas fuerzas de su ser; sus oraciones eran sacrificios, que Él ofrecía antes de ofrecerse a Sí mismo en la cruz por los pecados de la humanidad. Y es que el sacrificio en la oración es predecesor del sacrificio personal. Por consiguiente, hemos de morir en nuestra cámara secreta antes de que podamos morir en la cruz

Se cuenta que cierto día, en 1888, Frank Crossleyse había despedido de sus amigos, el general Booth ysu esposa, en la estación de tren. Pero antes de que eltren partiera, Crossley les entregó una carta en la cualles daba los detalles de un voto que había decidido hacer en favor del Ejército de Salvación. Cuando llegó a su casa se puso a orar. “Mientras estaba orando…-explicó él posteriormente- vino sobre mí el más extraordinario sentimiento de gozo. Dicho sentimiento no se localizaba exactamente en mi mente, ni en mi corazón; era algo profundo que sentía, como si una mano me tocara sobre mi pecho y me llenara de un éxtasis que jamás había sentido antes. Inmediatamente me di cuenta de que éste era el gozo del Señor”. Frank Crossley pensó, entonces, que en el mismo momento en el que los Booths habían estado leyendo su carta en el tren,él estuvo experimentando ese sentimiento de gozo inefable, como respuesta a las oraciones de sus amigos.y poco después se enteró de que, efectivamente, el matrimonio había comenzado a orar por él ni bien dejaron la estación ferroviaria de Manchester. De modo que este siervo de Dios dio un paso adelante en su vida cristiana,y nunca se volvió atrás…EDWARD SHILLITO

Hemos visto cómo Pablo oraba muchísimo, y a su vez enseñaba la importancia de la oración a todos aquellos con quienes trataba. Pero Pablo no sólo oraba por sí mismo,sino que continuamente intercedía por los demás. A la iglesia de Roma escribió de esta manera:”Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el Evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones” (Ro. 1:9).Comienza así esta notable epístola en el espíritu de oración, y la acaba con estas solemnes palabras:  “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios” (Ro. 15:30).  Esto no es todo; en el mismo corazón de la misma escribe:“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación;constantes en la oración” (Ro. 12:12).También, en su primera epístola a los tesalonicenses, leemos lo siguiente: “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros,haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones,acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo [… ] Orando de noche y de día con gran insistencia,para que veamos vuestro rostro, y completemos lo quefalte a vuestra fe. Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo dirijan nuestro camino a vosotros.y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos paracon otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Ts. 1:2 y 3; 3:10-13).y termina orando por la santificación de aquellos creyentes:”Y el mismo Dios de paz os santifique por completo;y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”(1 Ts. 5:23).¡Cómo oraba el apóstol por esos primeros cristianos! “Por lo cual, asimismo, oramos siempre por vosotros”(2 Ts. 1:11).”… no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones” (Ef. 1:16.).” .,. de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones, noche y día” (2 Ti. 1:3).Estaban en su mente y en su corazón, y él intercedía por ellos día y noche. ¡Oh, si en nuestros días, tan llenos de tibieza e indiferencia, tuviéramos una legión de predicadores que se entregaran a la oración por sus iglesias así como Pablo lo hizo por aquellas a quienes ministraba en sus días! Se necesitan hombres de oración e igualmente predicadores que se entreguen sin descanso a este santo ejercicio.Al final de aquella notable oración de Efesios 3, Pablo declara que Dios es “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. Y es que el apóstol no limitaba el poder de Dios,sino que oraba de modo que pudiera sacar el máximo de provecho y bendición para su Iglesia.Sus oraciones carecían por completo de elemento egoísta:“Rogando que de alguna manera tenga al fin, por lavoluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros.Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados” (Ro. 1: 10 y 11). El objeto de este deseo de visitar Roma no era por una gratificación personal, o por el placer de hacer un viaje,sino que deseaba poder impartir algún don espiritual a aquellos hermanos para que fueran confirmados en sus  vidas para el Señor. Por medio de dicha visita, el apóstol podía establecerles en aquellos puntos en los cuales debían de ser arraigados en la fe, el amor y las bases que forman el carácter de una vida cristiana.En resumen, tanto la oración personal como la intercesión ocupaban un elevado lugar en la vida cristiana de Pablo. Y no sólo Pablo sino también sus compañeros elevaban oraciones por los santos dondequiera que éstos estuvieran:”… no cesamos de orar por vosotros” (Col. 1:9).Pero el principal de los apóstoles necesitaba también de las oraciones intercesoras por él. No se avergonzaba des olicitar oraciones para sí, pues sabía que era el medio para sostenerse firme en su vida consagrada y en su ministerio.Así, en su epístola a los hebreos, basa su petición sobre dos razones: su honestidad y su ansiedad de visitarles. Esto es, el hecho de que aquellos hermanos oraran por él sería un poderoso agente para facilitarles una visita del apóstol en la cual pudiera ministrarles (la oración pone a Dios en el compromiso de hacer por nosotros las cosas que ponemos en sus manos).Sí, Pablo pedía frecuentemente a los hermanos que oraran por él. Juzgamos el valor de una cosa por la frecuencia con la que pedimos por ella, y si esto es verdadero,las oraciones de los santos a favor de Pablo eran de primordial importancia. Por la urgencia y reiteración conque el apóstol pedía a los hermanos oraciones por él,estaba demostrando el gran valor de la oración como un medio exclusivo de la gracia. Pablo no tenía una necesidad más apremiante que la oración, y no habían para él valores tan apreciados y apreciables como las oraciones de los fieles. Notemos lo que nos dice en su epístola a los romanos:“Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios” (Ro. 15:30).

Las oraciones de los hermanos en favor de Pablo eran de alto valor porque significaban una gran ayuda.Los grandes ayudadores son hombres y mujeres de oración. Nada puede ayudarnos tanto en nuestras necesidades como las oraciones eficaces; pueden suplir las más grandes carencias y librarnos de los peligros más inminentes. La fe de Pablo, como él mismo escribe a los corintios, había sido probada de una manera muy especial y las oraciones de los hermanos le habían sido de gran ayuda y fortaleza.Por medio de las oraciones de los santos de Filipos en favor suyo, la vergüenza fue quitada, la autoridad santa tomó su debido lugar y la vida y la muerte fueron hechas gloriosas:“Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien, con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte” (Fil. 1: 19 y 20).¡Qué cosas tan maravillosas Dios ha hecho a favor de sus santos a través de las oraciones de los demás! Los verdaderos hermanos podemos ayudarnos los unos a los otros -en medio de la envidia y la detracción y de peligros  entre los falsos hermanos-, a través de las oraciones más que por ningún otro medio a nuestro alcance.Igualmente, instó a los cristianos de Roma a orar por él para que fuera librado de los “hombres rebeldes que estaban en Judea” (Ro. 15:31). Porque la oración es una defensa y protección contra la malignidad y las maquinaciones de los hombres perversos.Pablo no sólo tenía enemigos rebeldes e incrédulos con quienes contender; muchos cristianos, especialmente en Jerusalén, tenían prejuicios contra él, siendo capaces hasta de rechazar o de poner en tela de juicio cualquier ministerio o servicio que viniera de sus propias manos. Y estos hermanos de Roma a quienes Pablo solicita oración debían orar por él para su seguridad personal y para la obra del Señor.Sí, por medio de las oraciones, los enemigos serían quitados del camino, y los prejuicios en los corazones de aquellos hombres justos desaparecerían. El camino de Pablo hacia Jerusalén estaría guardado de peligros y dificultades, y el éxito de su misión para la gloria de Dios sería asegurado. Todos estos fines tan beneficiosos y extraordinarios fueron conseguidos por medio de la oración.Si todos los sucesores apostólicos hubieran orado como Pablo lo hizo, la historia de la Iglesia hubiera sido un testimonio brillante ante los ojos de todo el mundo.¡Qué llenos de fervor están sus pedidos, y qué tiernas y amorosas son sus súplicas! ¡Cuán alto y conmovedor es el motivo de la más elevada y verdadera forma de oración por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu!Pablo estuvo realmente involucrado en la gran batalla dela oración, una batalla en la que intervienen los elementos más importantes e imperativos. Se consagró por entero a ella, teniendo en vista al Señor Jesucristo como su gran capitán.Cada hombre o mujer de Dios que ora verdaderamente tiene poderosos enemigos que buscan oponérsele a toda costa. Es por eso que Pablo dejó lo “que era de niño” (1 Ca.13:11): debía orar con poder o no hacerlo … El infierno debía sentir el golpe potente de su oración. Por tanto, la fortaleza y el valor eran elementos o requisitos indispensables para obtener la victoria, en vez de peticiones débiles y tibias.Las fuerzas más bravas y las más elevadas cualidades delsoldado cristiano son, pues, indispensables para llevar adelante la oración que gane la batalla. La trompeta celestial sigue sonando hasta hoy, llamándonos a una entrega sin reservas para la oración fervorosa y persistente.Contemplemos también la petición de Pablo hecha ala iglesia de Éfeso:”Orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y Pablo estuvo realmente involucrado en la gran batalla de la oración,una batalla en la que intervienen los elementos más importantes e imperativos. Se consagró  por entero a ella, teniendo en vista al Señor Jesucristo como su gran capitán. Pablo, el maestro de la oración. Existen hoy muchas cadenas que pueden esclavizar al predicador: su misma ternura puede hacerle débil, sus relaciones personales con la gente tienden a ponerle ataduras y a quitarle o restringirle la libertad desde el púlpito. Por eso,los creyentes de hoy también tenemos el deber y la obligación de orar por nuestros predicadores,para que sean revestidos de valor y de santa osadía. Suplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del Evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de Él, como debo hablar” (Ef. 6:18-20).

Pablo, que había trabajado y orado «día y noche» por esta iglesia, y después de describirles una vívida figura del soldado cristiano y de la armadura de Dios, les da el solemne encargo de que oraran especialmente por él y por su ministerio.Deseaba que ellos intercedieran por él para adquirir osadía o autoridad santa. Ninguna cualidad parece ser tan importante como ésta para aquel que desea ser un buen predicador: esa cualidad que no se atemoriza de las consecuencias, sino que con libertad sale al encuentro de las crisis, enfrenta los peligros presentes y cumple valientemente con el deber. Era una de las más marcadas características de los predicadores apostólicos que estaban dispuestos a enfrentarse tanto al vulgo como a las autoridades de su tiempo, sin temer las consecuencias o reacciones de la gente.Los profetas de la antigüedad eran acusados muchas veces de no tener miedo delante de los hombres. Ellos declaraban la verdad de Dios sin timidez, duda o compromiso. Su fervor, convicción y sinceridad, por el poder del Espíritu Santo, hacían que sus bocas se abrieran para declarar la Verdad sin ningún tipo de limitaciones. Existen hoy muchas cadenas que pueden esclavizar al predicador:su misma ternura puede hacerle débil, sus relaciones personales con la gente tienden a ponerle ataduras y a quitarle o restringirle la libertad desde el púlpito. Por eso, los creyentes de hoy también tenemos el deber y la obligación de orar por nuestros predicadores, para que sean revestidos de valor y de santa osadía.La mansedumbre y la humildad son virtudes muy apreciables en el predicador, pero no tienen por qué ser incompatibles con el valor. Al contrario, se complementan, ya que la cualidad del valor ha de obrar en forma tan delicada como la actitud de una madre para con su bebé, pero tan temeraria como un león delante de su enemigo.Resumiendo, ¿qué fuerza misteriosa y poderosa podría añadir valor a la predicación apostólica y dar total libertad a esos labios para predicar la única Verdad? Sólo la oración es capaz de traer este milagro de los Cielos sobre los hijos de Dios. ¿Qué fuerza puede dominar y afectar la maldad de forma tal que sus mismos resultados sean torcidos en cosas buenas? Tenemos la respuesta en las palabras de Pablo:”El cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aun nos librará de tan grande muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos”(2 Ca. 1:10 y 11).Y es que Pablo amaba al Señor, pero no dejaba sus promesas a un lado, para que los resultados se llevaran acabo por sí solos. De manera que escribió a los corintios para que orasen por él, puesto que las oraciones de aquellos hermanos contribuirían en gran manera para que las promesas de Dios se cumplieran rápida y fielmente. Semejante petición hizo a los colosenses:”Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la Palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar”(Col. 4:3 y 4).Al igual que hiciera en su pedido a los efesios, Pablo desea que Dios le conceda claridad en sus palabras y términos, sin confusión de pensamientos, para predicar el  Evangelio fielmente. ¡Feliz aquel predicador que tenga personas que le respalden en oración! ¡Qué clase de petición más apropiada para ser hecha hoy día por un predicador a su congregación! ¡Cuán necesarias son para nuestros predicadores de hoy las cosas que Pablo pedía para sí! La oración a favor del predicador es, ante los ojos de Dios, de tanto valor como las mismas oraciones de dicho predicador.Hay dos cosas que operan como factores de primera importancia en la obra de todo predicador: primero, cuando ora constante, ferviente y persistentemente por aquellos a quienes les predica; y en segundo lugar, cuando esosq ue disfrutan de su ministerio oran por el predicador. De este modo, tanto el siervo de Dios como la congregación reciben bendiciones del Cielo como respuesta a su mutua oración.

A la iglesia de Tesalónica, Pablo envió este claro y definido mensaje:”Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la Palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe”(2 Ts. 3:1 y 2).Esto implica que cada cosa que se interponga entre la Palabra de Dios e impida que ésta “corra” habrá de ser desalojada del camino en forma inmediata. La bendita Palabra ha de correr y ser glorificada. Y lo peor es que los impedimentos pueden encontrarse en el mismo predicador, en la iglesia a la cual ministra, o bien en los pecadores que le rodean. Dicho de otra manera, la Palabra corre yes glorificada cuando tiene acceso libre a aquellos a quienes es predicada, y cuando los pecadores son convictos de pecado y son inducidos a orar por sí mismos, para solicitar el perdón y la misericordia del Altísimo. También es glorificada cuando los santos son instruidos en su experiencia cristiana, corregidos de errores de doctrina y práctica y guiados a buscar las cosas más elevadas y a orar por las profundas experiencias de la vida de fe.Notemos, sin embargo, que no se trata de que el predicador sea glorificado por el gran éxito traído por la Palabra, ni de que la gente le elogie a causa de sus maravillosos sermones, su gran elocuencia o sus dones. El predicador ha de ser situado en el fondo de toda esta obra de glorificación, aunque él mismo haya sido el objeto delas oraciones de su congregación.No sólo el apóstol pedía oraciones por su persona,aunque bien sabemos que las necesitaba, pero el punto más importante hacia donde dirigía su objetivo era su oficio y trabajo como ministro del Evangelio. Su lengua debía ser desatada en la predicación, sus labios abiertos sin impedimentos y su mente librada de cualquier estorbo.El objetivo era que ni siquiera él mismo pudiera llegar a ser un estorbo de la Palabra que predicaba. De la misma forma, todos los otros impedimentos externos debían ser quitados y puestos fuera de la órbita de su ministerio. Era necesario correr para poder alcanzar la meta y, por consiguiente, el prometido galardón. La Palabra de Dios había de alcanzar las mentes y los corazones de aquella gentey glorificarse en su salvación.Con todas estas cosas por delante, Pablo envía su solemne petición de oración a los hermanos de Tesalónica.La oración de aquellos verdaderos cristianos ayudaría grandemente a que la Palabra de Dios corriera y se extendiera sin impedimentos.También, en Hebreos 13:18, Pablo abre su corazón y pide solícitamente a sus hermanos que oren por él:”Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducimos bien en todo”.En esta petición observamos que la conciencia de Pablo y su integridad de corazón afloran como una verdad básica perteneciente a su carácter cristiano. Así, las oraciones que nosotros hagamos a favor de los siervos de Dios,encontrarán como consecuencia, una integridad, ejecución y administración honesta de los resultados de esas mismas oraciones.Miremos, igualmente, la relación de Pablo con Filemón; el apóstol esperaba ansiosamente poder visitarle algún día, y dio por sentado que Filemón estaba orando por ello (ya que este hombre había sido convertido bajo su ministerio, es lógico pensar que había aprendido las lecciones paulinas en cuanto a la oración). Además, asumió que las oraciones de Filemón le abrirían el camino de su visita, quitando los obstáculos y haciendo posible que ambos pudieran reunirse. De modo que solicitó a Filemón que preparase alojamiento para él, añadiendo losiguiente: “Prepárarne también alojamiento; porque espero quepor vuestras oraciones os seré concedido” (Flm. v. 22).Tal era la fe que el apóstol depositaba en la oración…El apóstol era, definitivamente, un convencido delgran alcance de las súplicas elevadas debidamente a Dios.y no es que la oración en sí fuera para él una fuerza talismánica, ni un fetiche, pero sí que sabía que ésta es la que mueve el brazo de Dios para hacer infinidad de obras.Dicho de otra manera, la oración no tiene un encanto mágico en sí misma, pero es poderosa porque alcanza y consigue la audiencia del Dios Todopoderoso.En la actualidad, no solamente necesitamos orar como lo hizo Pablo, en forma personal, sino también nos es necesario valor y sinceridad a la hora de pedir a los hermanos que nos sostengan y ayuden en nuestras luchas La oración no tiene un encanto mágico en sí misma, pero es poderosa porque alcanza y consigue la audiencia del Dios Todopoderoso y conflictos por medio de sus oraciones. Finalmente, contamos con la gran e incomparable promesa de que “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudana bien….”(Ro. 8:28).

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