MENUMENU

Oración y Ayuno

Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Pero con frecuencia EL(Jesús) se apartaba a lugares desiertos PARA ORAR. Lucas 5:15-16

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● URGENCIA EN LA ORACIÓN

Por: Charles Spurgeon

Estoy afligido y menesteroso; apresurate a mi, oh Dios. Ayuda mia y mi Libertador mi ayuda eres tú, Oh Señor, no te detengas. Salmo 70:5

Cristo puede hacer y hará todas las cosas por su pueblo, porque el Padre ha encomendado todas las cosas en sus manos. Puedes ser omnipotente si sabes orar, omnipotente en todas las cosas que glorifican a Dios. ¿Qué es lo que dice la Palabra misma? “Que eche mano a mi poder.” La oración mueve el brazo que mueve al mundo. Oh que recibamos gracia para recibir el amor del Todopoderoso de esta manera.

Queremos más oración que se aferra firmemente; más insistente, más agresiva y luchadora, que dice: “No te dejaré ir.” El cuadro de Jacob bastará para terminar. El ángel del pacto quiere una bendición de él: El ángel quiere quitárselo de encima, pero eso no le sirve a Jacob. Entonces el ángel trata de escapar de él y da tirones y lucha. Pero Jacob no soltará por mucho que se esfuerce el ángel. Finalmente el ángel recurre de la lucha ordinaria a herirla en el asiento mismo de su fuerza. Pero Jacob está dispuesto a perder su muslo, y toda la pierna, pero no dejará que el ángel se vaya así. La pobre fortaleza del hombre queda anulada bajo el toque que la marchita, pero en su debilidad, aún es fuerte. Echa sus brazos alrededor del misterioso hombre, y lo retiene en un abrazo mortal. Entonces si otro dice: Déjame ir, porque el día ya amanece.” Noten bien que no se sacudió para quitárselo de encima; solo dijo. “Déjame ir.” El ángel no hace nada para hacer que lo suelte; lo deja a su voluntad. El valiente Jacob exclama: “No, ya estoy en esto, y estoy decidido a conseguir una repuesta a mi oración. No te dejaré ir si no me bendices.” Ahora bien, cuando la iglesia comienza a orar, él podría al principio hacer como que tiene que ir más lejos, y podríamos tener el temor de no recibir respuesta alguna. Seguid firmes, queridos hermanos. Estad firmes, inamovibles, a pesar de todo. Más tarde, podría ocurrir, habrá desaliento donde esperábamos un éxito rotundo; encontraremos hermanos que oponen dificultades, algunos se sumirán en el sopor, y otros caerán en pecado; abundarán los reincidentes e impenitentes. Pero no dejamos. Sigamos con mayor ansiedad.

Y si llegara a ocurrir que nosotros mismos nos descorazonamos y nos desalentamos, y sentimos que nunca habíamos estado tan débiles como ahora, no importa hermanos, sigamos adelante, porque cuando se encoge el tendón, la victoria está cerca. Aferraos con más fuerza que nunca. Sea esta nuestra resolución: “No te dejaré ir si no me bendices.” Recordad que mientras más tarde en llegar la bendición, más rica será cuando nos alcance. Lo que se obtiene rápidamente por una sola oración a veces es solamente una bendición de segunda clase. Pero la que se obtiene tras un forcejo desesperado, y de una lucha terrible, esta es un bendición completa y preciosa. Siempre es lindo mirar a los hijos de la importunidad. La bendición que nos cuesta más oraciones será la más apreciada. Sólo sigamos perseverando en suplicaciones, y obtendremos una bendición amplia y de largo alcance para nosotros, para la iglesia y para el mundo. Quisiera que estuviera en mi poder el estimularos a la oración ferviente; pero eso debo dejarlo con el gran autor de toda verdadera súplica, a saber, el Espíritu Santo. Que El obre en nosotros poderosamente, por amor a Jesús. Amén.

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